Detrás de cada uno de estos candados hay toda una historia de amor. ¿Pero tan firme como pretendían sellar con este gesto sus protagonistas?. El tiempo lo dirá. Me viene a la memoria el poema de Gustavo Adolfo Bécquer cuando se cuestionaba;
¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida

